Por medio de la revelación del Espíritu, asimismo por su Palabra, Dios nos dice que El está buscando hombres, hombres con características propias y especiales, las cuales Él anhela ver en sus siervos.
Dios manifiesta su poder sobre aquellos que humildemente apelan a su amor y misericordia y depositan su fe y esperanza en Él. Leemos que “en Nazaret no creyeron” y desde allí se valida el dicho que ”No hay profeta sin honra sino en su propia tierra.”
En las zonas frías del Canadá y de los Estados Unidos, los campesinos libran una guerra contra los lobos salvajes y tienen una forma de matar lobos usando el instinto asesino de las fieras, clavan un cuchillo filoso en el hielo y atan al cuchillo carne fresca llena de sangre, el lobo huele la sangre de la presa y viene a buscarla, entonces empieza a lamer la sangre donde está oculto el cuchillo, hasta que tocando el cuchillo se corta la lengua y al sentir su sangre fresca se excita y lame con mayor intensidad, hasta que se devora y bebe su propia sangre y se come su propia lengua, finalmente muere desangrado.
Experimentamos el amor de Dios cuando lo adoramos y lo exaltamos, porque es así la forma en que nos relacionamos con Él. Su amor protector es el amor de Padre, su amor redentor y perdonador es el amor de Cristo su Hijo Unigénito, y su amor vivificante y caudaloso es el amor del Espíritu Santo, el cual se derrama sobre nosotros como lluvia y nos ministra fortaleza.
"Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad?" Juan 18:37-38
Todo lo que percibimos en nuestra vida de paso por el mundo, es solo una apariencia: la belleza, la fuerza, la sexualidad, la sabiduría, las riquezas, la religión, el poder, la política, el placer, etc. Aparentemente todas éstas manifestaciones, dones, habilidades y talentos humanos son de gran relevancia y estima para todas las personas sin excepción, sin embargo no llenan en verdad nuestros corazones, y aunque nos gastamos toda nuestra existencia para poseer tales cosas, un día tarde o temprano, descubrimos que lo único que hicimos fue vivir para el mundo y padecer aflicciones. En Juan 16:33 leemos: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”
Hay cosas que usted las arregla con una llamada, una mirada, un acto simple. Hay cargas que usted puede llevar en un dedo, en una mano, en dos manos, pero otras necesitarán ayuda de tu familia y amigos y muchas manos y fuerza.
Pero hay cosas tan pesadas que sólo se mueven con grúa y otras tan grandes que sólo la mano De Dios puede moverlas. Una enfermedad incurable, un vicio recurrente, un pecado esclavizante, una gran deuda, un problema que te supera.
Requieres de un milagro... del poder, la potestad y la fuerza de Dios. La capacidad de Dios va más allá de nuestras capacidades humanas y son parte de su manifestación de gloria, amor y misericordia.
!Prepare su corazón y su mente¡