INTRODUCCIÓN:
Es una verdad innegable que la mujer ocupa un lugar principal en la mente de Dios y en el desarrollo del hogar y de la iglesia. Desde su creación ella fue reconocida como la ayuda idónea. Es decir, alguien capaz de ayudar, servir, complementar y trabajar mano a mano al lado de su esposo para el beneficio y bendición de su familia. Las Sagradas Escrituras dedican un capítulo completo a describir lo u se considera como la meta a alcanzar de cada mujer: llegar a ser una mujer virtuosa.
El capítulo 31 del libro de los Proverbio se hace particularmente interesante para la mujer a la que le ha tocado vivir durante esta pandemia del siglo XXI. En medio de esta situación de crisis, enfermedad, cuarentena, desempleo y todas las consecuencias que esta pandemia del COVID-19 está provocando alrededor del mundo lasurada”.
Es una situación de crisis que nos está obligando a sacar todo lo mejor de nuestras habilidades y creatividad como mujeres para ayudar a nuestra familia a sobrellevar este tiempo de dificultad. Es nuestro deseo que esta pequeña reflexión les sirva de ayuda y como una guía donde obtener ideas para vivir este tiempo sin temor, de manera positiva, con nuestra mirada y fe siempre puesta en el Señor Jesucristo quien es nuestro ayudador.
La aparición de esta enfermedad, que rápidamente se convirtió en una pandemia de nivel mundial, y convirtió en un verdadero desafío nuestra normalidad de vida, ha sido especialmente difícil para las mujeres por varias razones:
La cuarentena o “lockdown” que se ha impuesto en casi todos los países, como diversos niveles de severidad, nos ha obligado a lidiar con la presencia continua en el hogar del esposo y los hijos. Esto, que por una parte podría verse como una bendición al darle a la familia más tiempo para estar unida, crea a su vez otros problemas. Tener unos pocos días a toda la familia junta es una bendición que nos da tiempo para compartir, afianzar relaciones y disfrutarnos los unos a los otros. Pero vamos a ser sinceras, cuando ese tiempo pasa de unos días (en Puerto Rico hoy, 27 de abril, llevamos 42 días de cuarentena donde solo puede salir un miembro de la familia a comprar alimentos o medicinas), comienzan a aforar las tensiones, el aburrimiento, las preocupaciones por la situación económica, las frustraciones por los proyectos no logrados, etc., y todo esto tiene consecuencias.
En el caso de los esposos, esta situación tiene un componente emocional muy fuerte, al sentir su rutina de vida alterada, que no logra cumplir su función de proveedor, la preocupación por haber perdido su empleo o estar impedido de trabajar por tanto tiempo. Estaba costumbrado a estar fuera de la casa por 8 a 10 horas o más y ahora se ve encerrado sin nada que hacer. Esto crea tensiones que, lamentablemente, en muchos casos esta desencadenado situaciones de violencia doméstica en algunos hogares.
La rutina para los hijos también se vio trastornada. Las escuelas cerraron y en muchos países cambiaron por enseñanza a distancia o por internet. El peso de esta educación en el hogar recae, en la mayoría de los casos, sobre la mujer, que es madre, pero no maestra. Esta mujer estaba acostumbrada a que el esposo salía a trabajar y los hijos se iban a la escuela, y eso le dejaba el espacio para ocuparse de las tareas del hogar o de su propio trabajo, si es que trabajaba fuera del hogar. Ahora continua con sus responsabilidades, pero a ellas se le suma atender la educación de sus hijos en el hogar. En algunos casos, sin tener los recursos adecuados, pues hay hogares que aún no tienen acceso a una computadora ni a servicios de internet. Tiene que sacar el tiempo para ayudarlos con sus tareas escolares teniendo en cuenta que, probablemente, los hijos al 8 sentirse fuera de la rutina escolar no estén muy animados a sentarse a estudiar en su casa con mama como maestra. También hay que incluir en este análisis la influencia de este tiempo en los niños. Ellos han visto también su rutina alterada al no poder asistir a sus centros de estudio y tener que estar encerrados en casa todo el día. Eso afecta los ánimos, crea ansiedad y brotan los malos comportamientos, el mal carácter y un ambiente de molestia en el hogar.
Una de las más difíciles consecuencias de esta cuarentena ha sido la pérdida de empleos y, por lo tanto, la pérdida de ingresos económicos en el hogar. Si bien, en algunos países, los gobiernos se han movido para brindar algunas ayudas y asistencia económica, sabemos que esto no será a largo plazo y que, tarde o temprano, las arcas familiares empezaran a vaciarse. Eso demandará de la mujer todas sus habilidades para manejar los recursos alimenticios del hogar. Sobre todo, teniendo en cuenta que, al estar todos limitados a estar continuamente en el hogar, las visitas a la nevera y a la cocina se hacen más frecuentes. Comer se convierte en una parte del entretenimiento cuando se está aburrido en la casa. Probablemente, los hijos hacían dos o tres comidas en la escuela (desayuno, almuerzo y merienda). La mujer tiene que saber manejarse con los pocos recursos que tiene para alimentar a su núcleo familiar.
La lucha contra la pandemia requiere de guardar no solo el distanciamiento social, con todo lo que eso implica emocionalmente. Estamos encerrados en casa con nuestra familia inmediata pero impedidos de ir a visitar a otros familiares queridos y amigos y de nuestros tiempos de esparcimiento fuera del hogar. Además de eso, tenemos que guardar normas de higiene, el uso del cubrebocas o mascarilla, guantes, lavado frecuente de manos con agua y jabón, desinfección de productos cada vez que salimos a la calle y compramos alimentos, etc. Muy probablemente, sea a la mujer a la que le toque asegurase de que su familia practique las medidas de protección, higiene y distanciamiento social.
Todos los templos están cerrados así que no solo no podemos asistir rutinariamente a la casa de Dios como solíamos hacerlo, sino que tampoco podemos ejercer nuestros distintos ministerios como solíamos hacerlo. Ya no podemos salir a evangelizar a las calles ni visitar enfermos en los hospitales ni asistir a reuniones de damas o círculos de oración, ni dar escuelas bíblicas de niños en los barrios ni en la iglesia. Debemos reconocer que las mujeres son la mayor parte de la membresía de la iglesia y, en muchos casos, son el motor de esta, ayudando en infinidad de actividades.
Pero si hay algo que esta pandemia nos ha enseñado es que la Iglesia no son las cuatro paredes del templo, sino que somos cada una de las vidas que nos congregábamos allí. De modo que nos toca ahora convertir a nuestros hogares en ese lugar de adoración y edificación espiritual. Algo que no es tan sencillo cuando no se tiene la colaboración de todos los miembros del hogar, sobre todo del esposo, quien es quien debería llevar el sacerdocio espiritual del hogar. Cuando esto no ocurre le toca a la mujer levantarse cual Debora en Israel y asumir la dirección espiritual del hogar.
Podemos concluir que este periodo de cuarentena y sus consecuencias han provocado una situación bastante difícil para las mujeres, pero si en algo se destacan las mujeres es en ser creativas y proactivas en tiempos de crisis. En la Biblia tenemos a mujeres como Séfora (Éxodo 4:20-26), Abigail (1 Samuel 25:1-42) y Débora (Jueces 4 y 5) que son ejemplo de esto. Séfora, en un momento de crisis donde su esposo casi pierde la vida, tomó un pedernal en su mano, circuncidó a su hijo (algo que era responsabilidad de Moisés pero que él había descuidado) y de esa manera le salvó la vida a su marido y metió a su hijo en el pacto con Dios. Abigail, en otro momento de crisis, donde la necedad de su marido Nabal le ganó la ira del rey quien vena dispuesto a matarlo, pero ella salió a su encuentro y con sabiduría y sagacidad y logró calmar la ira del rey y salvarle así la vida a su esposo y a toda su familia. Débora, en otro momento de crisis del pueblo de Israel, dice la Escritura que viendo como los enemigos del pueblo de Israel se levantaban y acosaban al pueblo y como las ciudades de Israel estaban decaídas y desoladas, “se levantó como madre en Israel” y movió al pueblo y a Barac, líder del ejército de Israel a salir a la batalla y obtuvo una grande victoria.
La Biblia dice que “la mujer sabia edifica su casa, más la necia con sus manos la destruye.” (Prov. 14:1). Nos toca levantarnos y, con la gracia y sabiduría de Dios, desarrollar ideas y planes para sacar adelante a nuestras familias en medio de esta crisis. Debemos utilizar nuestras capacidades, habilidades y talentos para reinventarnos y ser mujeres virtuosas que atiendan bien su hogar, su marido y sus hijos, sin dejar de lado nuestra atención personal y nuestra relación con Dios.
Aquí enlisto una serie de consejos que les podrían ser útiles:
En fin, una mujer cristiana que pone su vida en las manos de Dios puede ser un canal de bendición y convertirse en esa mujer virtuosa de la que hablábamos al principio.
Que Dios te llene de gracia, sabiduría, amor y paciencia y te de la capacidad, la inventiva, la creatividad y las estrategias para sobrellevar este tiempo de crisis.
“Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.” (Efesios 6:13)