Experimentamos el amor de Dios cuando lo adoramos y lo exaltamos, porque es así la forma en que nos relacionamos con Él. Su amor protector es el amor de Padre, su amor redentor y perdonador es el amor de Cristo su Hijo Unigénito, y su amor vivificante y caudaloso es el amor del Espíritu Santo, el cual se derrama sobre nosotros como lluvia y nos ministra fortaleza.