Decir y oír: me hablaron de Dios y eso me cambió la vida, es un testimonio que nos transmite gozo. Escuchar decir: Dios me habló. Eso nos impacta y nos asombra. Pero que alguien nos diga: “y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno.” (Ex 24:10) Eso nos mueve de nuestra comodidad y nos desafía a buscar su rostro y a subir al monte para buscar su presencia, para perseverar sin desmayar en la búsqueda de su poder y su gloria. Yo quiero más y más y más de su presencia. #SedientosdeSugloria
Nos gozamos por la Obra del Señor que avanza preciosa en la India. AMIP celebra Visión 2020, saludamos desde Europa a nuestro amado pastor Rajaji Sadhanala por su esfuerzo continuo en favor de las almas en su nación. Salmos 126.
Amados(as) Consiervos(as) y Hermanos(as) en Cristo:
En unas horas empezaremos un nuevo año y el comienzo de una nueva década, al recordar el tiempo pasado y los momentos vividos sólo nos queda gratitud por todo lo que Dios nos ha permitido vivir y realizar para su gloria, hasta aquí; por lo que Él nos ha enseñado y nos ha dado por su gracia.
Es inmensamente gratificante y una bendición contar con su apoyo y esfuerzo en pro de la obra de Dios y la evangelización del mundo. Estamos seguros que El que comenzó su buena obra en ustedes, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. (Fil 1:6)
No podemos ver el futuro con nuestros ojos físicos pero podemos percibir por la Fe, una nueva década, llena de grandes expectativas y desafíos en el Señor. Con la ayuda del Espíritu de Dios y anclados en las promesas fieles de la Palabra podemos “ver con los ojos de la fe” tiempos nuevos con nuevas y grandes victorias.
Si el dolor en en algún momento quiso detenernos, o si por alguna razón el enemigo logró afligirnos, o si el temor nos impulsó a tirar la toalla del servicio a Dios, recordemos el consejo del apóstol Pablo:
“No quiero decir que ya llegué a la perfección en todo, sino que sigo adelante. Estoy tratando de alcanzar esa meta, pues esa es la razón por la cual Jesucristo me alcanzó a mí. Hermanos, no considero haber llegado ya a la meta, pero esto sí es lo que hago: me olvido del pasado y me esfuerzo por alcanzar lo que está adelante.
Sigo hacia la meta para ganar el premio que Dios me ofreció cuando me llamó por medio de Jesucristo. Entonces tengamos esa misma actitud todos los que hemos llegado a la madurez. Si en algo piensan diferente, eso también se lo aclarará Dios. En todo caso, sigamos viviendo de acuerdo a la verdad que ya hemos alcanzado. (Fil 3:12-16)
Desde los campos misioneros en Bolivia y de todo corazón les deseamos un Bendecido Año Nuevo 2020 y una década saturada de la presencia De Dios.
Familia Tejeiro García
Necesitas visión para que traces el Norte de tu vida, para que no seas un caminante sin brújula, un peregrino sin destino, un río sin mar, un ladrillo suelto de ningún edificio.
Sin visión serás un superficial cada día, carente de profundidad verdadera, vivirás distrayéndote en lo efímero, ocupándote en lo que será quitado de tu vida un día, igual que a Martha.
Serás sin visión un sembrador sin cosecha, una higuera llena de hojas solamente y sin ningún fruto. Serás la vid de sarmientos y uvas silvestres, un mar muerto donde nadie beberá jamás. Una nube sin agua para ninguna tierra hambrienta y con sed.
Sin visión no sabrás jamás por qué ríen y lloran los niños, por qué una madre soporta el dolor y es feliz al traer un niño a este mundo. No sabrás tampoco como se teje un abrigo para cubrir al desnudo, ni como se enciende el horno para hacer el pan que alimentará al hambriento.
Busca visión para tu vida. Búscala para que encuentres el camino que guiará tus pasos, pero no la busques entre los ciegos, ni la busques tampoco en aquellos que parece que ven, pero sólo perciben sombras a su alrededor.
Busca la visión de Dios, la que al tocar tus ojos quitará las escamas que los cubren y te ayudará a decir: ¡ Señor! ¿ Qué quieres que yo haga?
Éxodo 16.
En el desierto Dios nos evalúa antes de llevarnos a la tierra que fluye leche y miel, el lugar final de nuestro caminar y el sitio de la conquista del alma y del espíritu. Los que no entienden ni aceptan la voluntad de Dios, se rebelan y se estancan en el pasado, en los días de su esclavitud, en la negación de su realidad y en la resistencia al plan divino.
La negación es la protesta interior del alma y la resistencia del espíritu a aceptar el proceso del desierto, que termina causando rebeldía y oposición a los propósitos de Dios. Es la reacción carnal y emocional del corazón afligido pero no humillado ni quebrantado.
El desierto es también para otros la escuela misionera de entrenamiento para la vida, el lugar donde Dios se nos revela y donde lo conocemos cara a cara y donde descubrimos que Él conoce todas nuestras necesidades mejor que nosotros mismos. Que Él tiene todo el poder para suplir cualquier necesidad en todo tiempo, en nuestras vidas. (Fil 4:19) y que nunca nos abandona. (Salmos 34:7-8)
De la misma manera nadie puede ponerse un título de pastor, ministro, evangelista o maestro. si no ha sido llamado por Dios, si no tiene un testimonio irreprensible y si su iglesia no recibe testimonio de dicho llamado. En la iglesia de Antioquia estaban Bernabé y Saulo, y ellos tenían unos tratos con Dios, pero no se levantaron y exigieron un nombramiento. Ellos oraron, ayunaron, sirvieron en su iglesia local, dieron testimonio de una vida santa y transformada por Dios y de estar llenos del Espíritu Santo.
Y Ése mismo Espíritu Santo habló a la iglesia: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra que los he llamado.” Y la iglesia, Después de haber orado y ayunado, reconociendo el llamamiento de Dios y la unción del Espíritu Santo sobre sus vidas, les impusieron las manos y los enviaron a cumplir el ministerio que habían recibido del Señor. Este, mis amados, es el proceso correcto.
Nota: Carmen Laura Santiago es Directora del Instituto Teológico Berea Internacional y Oficial Directora en AMIP y Sirvió durante más de veinte años como misionera en Uruguay.
La voluntad de Dios debe prevalecer aún en las horas más difíciles de nuestras vidas, aún en los momentos de dolor, no podemos sucumbir ante el sufrimiento y tenemos que mantener la sensibilidad para oír la voz de Dios sobre todo. Nunca nuestros sentimientos deben dirigir nuestras acciones, sino la voluntad de Dios, sobre todo y sobre todos nosotros. “Que no sea como nosotros queremos, sino como Dios quiere”.
La obra de Dios va más allá de nosotros mismos y de nuestro entendimiento porque ella pertenece absolutamente a Dios, y porque es el Dios eterno quien la sustenta y la cuida. Por que es Dios quien elige, llama y envía, pone y quita. Siempre edificando y construyendo su obra eterna para su gloria y honra. “Gloria y hermosura es su obra, y su justicia permanece para siempre.” (Salmos 111:3)