Éxodo 16.
En el desierto Dios nos evalúa antes de llevarnos a la tierra que fluye leche y miel, el lugar final de nuestro caminar y el sitio de la conquista del alma y del espíritu. Los que no entienden ni aceptan la voluntad de Dios, se rebelan y se estancan en el pasado, en los días de su esclavitud, en la negación de su realidad y en la resistencia al plan divino.
La negación es la protesta interior del alma y la resistencia del espíritu a aceptar el proceso del desierto, que termina causando rebeldía y oposición a los propósitos de Dios. Es la reacción carnal y emocional del corazón afligido pero no humillado ni quebrantado.
El desierto es también para otros la escuela misionera de entrenamiento para la vida, el lugar donde Dios se nos revela y donde lo conocemos cara a cara y donde descubrimos que Él conoce todas nuestras necesidades mejor que nosotros mismos. Que Él tiene todo el poder para suplir cualquier necesidad en todo tiempo, en nuestras vidas. (Fil 4:19) y que nunca nos abandona. (Salmos 34:7-8)
De la misma manera nadie puede ponerse un título de pastor, ministro, evangelista o maestro. si no ha sido llamado por Dios, si no tiene un testimonio irreprensible y si su iglesia no recibe testimonio de dicho llamado. En la iglesia de Antioquia estaban Bernabé y Saulo, y ellos tenían unos tratos con Dios, pero no se levantaron y exigieron un nombramiento. Ellos oraron, ayunaron, sirvieron en su iglesia local, dieron testimonio de una vida santa y transformada por Dios y de estar llenos del Espíritu Santo.
Y Ése mismo Espíritu Santo habló a la iglesia: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra que los he llamado.” Y la iglesia, Después de haber orado y ayunado, reconociendo el llamamiento de Dios y la unción del Espíritu Santo sobre sus vidas, les impusieron las manos y los enviaron a cumplir el ministerio que habían recibido del Señor. Este, mis amados, es el proceso correcto.
Nota: Carmen Laura Santiago es Directora del Instituto Teológico Berea Internacional y Oficial Directora en AMIP y Sirvió durante más de veinte años como misionera en Uruguay.
Josué 1:1-9
Pero muy importante es oír la voz de Dios en los momentos de prueba y de dolor, cómo éstos, sobre todo porque los sentimientos y las emociones son más fuertes e intensas en tales circunstancias y porque nuestro corazón puede engañarnos y tomar la dirección de nuestras acciones, olvidándonos de hacer la voluntad de Dios.
El dolor y la tristeza puede postrarnos y sumirnos en el desaliento y es por eso que Dios le ordena a Josué: “levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo” Si dejamos de llorar y adoramos a Dios, y damos gracias por todo lo aprendido y recibido, por el ejemplo y la inspiración con que los siervos de Dios nos animan en la vida, nos levantaremos para proseguir el camino y avanzar hacia adelante, “a la tierra que yo les doy”. Dios nos desafía a “levantarnos de la tristeza” a seguir caminando y avanzando hacia adelante, porque aunque su siervo ya está en su presencia, nosotros no hemos llegado aún a la meta. (1 Tes 5:18)
“Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie.” Esta es la grandiosa promesa que tenemos como hijos y siervos de Dios, como obra de AMIP.