Podemos estar totalmente seguros que Dios tiene un plan hoy y que todo lo que sucede en el mundo es parte de un gran propósito, como dice Romanos 8:28 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”
Cuando enfrentamos el dolor, todos de alguna forma, corremos el riesgo de ser superados y quebrantados por el sufrimiento. Leemos en Job 2:11-13 “Y tres amigos de Job, Elifaz temanita, Bildad suhita, y Zofar naamatita, luego que oyeron todo este mal que le había sobrevenido, vinieron cada uno de su lugar; porque habían convenido en venir juntos para condolerse de él y para consolarle. Los cuales, alzando los ojos desde lejos, no lo conocieron, y lloraron a gritos; y cada uno de ellos rasgó su manto, y los tres esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo. Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que su dolor era muy grande.”
La tragedia que arruinó la felicidad de Job le hizo enmudecer. Durante siete días y siete noches permaneció callado, sentado en tierra en medio de cenizas. Los amigos que habían ido a consolarle, viéndole de lejos, no le conocieron, y espantados ante tamaño dolor, no fueron capaces de hablar palabra alguna. Terminado este tiempo Job habló. Rotas las compuertas de su alma prorrumpió en un discurso de amargura singular. Comenzó así:
«Perezca el día en que yo nací, Y la noche en que se dijo: Varón es concebido. Sea aquel día sombrío, Y no cuide de él Dios desde arriba, Ni claridad sobre él resplandezca. (…) ¡Oh, que fuera aquella noche solitaria, Que no viniera canción alguna en ella!» Maldíganla los que maldicen el día, Los que se aprestan para despertar a Leviatán. Oscurézcanse las estrellas de su alba; Espere la luz, y no venga, Ni vea los párpados de la mañana; Por cuanto no cerró las puertas del vientre donde yo estaba, Ni escondió de mis ojos la miseria. ¿Por qué no morí yo en la matriz, O expiré al salir del vientre? (Job 3:3–4, 7-11)
Santiago 5:13-20
Nadie sabe cuando vendrán los días de aflicción en la vida, aunque todos sabemos que ellos vendrán. Dios nos muestra por medio de Santiago al menos seis estrategias divinas en tiempo de aflicción.
1. La primera estrategia es Orar Con Fe.
2. La Segunda estrategia es Alabar a Dios.
3. La Tercera estrategia es Dependencia del Espíritu Santo.
4. La Cuarta Estrategia es la Confesión Sincera.
5. La Quinta Estrategia es Interceder Por Los Demás.
6. La Sexta Estrategia Es Restaurar y Salvar al Pecador.
Podemos ver que en las crisis de la humanidad Dios ha contado con su pueblo y muy especialmente con individuos y personas de fe, las cuales pueden discernir y entender los tratos de Dios con su creación. Todo esfuerzo de Dios está encaminado a salvar las almas y todos sus intentos buscan reconciliar a sus hijos rebeldes, para llevarlos de regreso a casa.
“Tú, pues, hijo de hombre, dí a la casa de Israel: Vosotros habéis hablado así, diciendo: Nuestras rebeliones y nuestros pecados están sobre nosotros, y a causa de ellos somos consumidos; ¿cómo, pues, viviremos? Diles: Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?" (Ezequiel 33:10-11)
Santiago nos anima en la hora de la aflicción a orar, como única alternativa. ¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. (St 5:13) y Es que sucede comúnmente que en la aflicción experimentamos una total pérdida del control y nos convertimos angustiosamente y sin quererlo en naves azotadas del viento. La oración nos ayuda a entregar el control de nuestras vidas a Dios, y nos otorga confianza frente a la prueba y al dolor.
Cuando oramos aceptamos nuestras pérdidas y fracasos humanos y reconocemos nuestras insuficiencias y deficiencias. Ese acto de humildad y Fe hacia Dios atrae a Dios hacia nosotros y nos eleva de las circunstancias y angustias de la vida, a todas las posibilidades de Dios que son eternas.
Puede parecer contradictorio que los momentos de prueba y aflicción para el mundo, son oportunidades de liberación y de justicia para el pueblo de Dios. Podemos verlo así en el juicio del diluvio universal en los días de Noé a quien Dios preparó y usó junto a su familia, para preservación de la raza humana. La humanidad entera pereció bajo las aguas, mientras Dios se glorificó en sus elegidos.
Dios jamás a ha actuado ni actuará con injusticia y nunca ha tenido al culpable por inocente, ni ha abandonado jamás a sus escogidos, de eso podemos estar totalmente seguros. (Números 14:18; Ezequiel 18:20)
Para enfrentar la enfermedad o las plagas o la aflicción y al adversario, debemos estar protegidos “bajo la sangre del cordero” o “bajo la unción del Espíritu de Dios” La Iglesia del Señor ha perdido el aceite, es decir ha dejado de moverse bajo “la unción del Espíritu Santo” y cuál es la razón de ésta tragedia en la Iglesia Cristiana?
Cuando el Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, dicen las Escrituras que “le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová” (16:14). La casa espiritual de Saúl quedó desocupada al mudarse el Espíritu Santo. Él se quedó sin unción. La unción De la Iglesia y de todo ministerio es la presencia del Espíritu Santo.
Cuando se pierde la unción, también se pierde la autoridad espiritual. Aun los que servían a Saúl se dieron cuenta del ataque demoníaco sobre su vida. Por eso decían: “He aquí ahora, un espíritu malo de parte de Dios te atormenta” (16:15). Cuando se opera fuera de la unción, los que están cerca de nosotros se dan cuenta. La desobediencia a la Palabra de Dios y la falta de sometimiento a su voluntad, hace al creyente indefenso a los ataques del maligno. Saúl sin el Espíritu Santo era víctima de un espíritu malo.
Sus criados entonces le recomiendan:
“Diga, pues, nuestro señor a tus siervos que están delante de ti, que busquen a alguno que sepa tocar el arpa, para que cuando esté sobre ti el espíritu malo de parte de Dios, él toque con su mano, y tengas alivio" (16:16).
No podemos ser restaurados y sanados por sino humillamos nuestro corazón y actuamos con humildad entre nosotros. El orgullo, la ira, el resentimiento y el odio han enfermado a la iglesia y ha producido muerte espiritual y física a tal extremo que es difícil hallar cristianos hoy que pidan perdón a los demás después de ofenderles, prefieren mudarse de congregación o ciudad antes que pedir perdón. Hoy los hijos deshonran vergonzantemente a sus padres y se rebelan contra ellos y nunca les piden perdón porque piensan que eso no es un pecado grave.
Esa es la razón por la cual tenemos una generación extraviada y rebelde en el mundo alejada de Dios y de todo lo bueno, habiendo sido conocedores de la Biblia. Muchos que fueron creyentes consagrados, hoy viven en fornicación, adulterio, homosexualidad. Otros se han hecho ladrones, asesinos, pandilleros, estafadores, etc. y no abandonan su pecado porque no quieren pedir perdón a Dios y a las personas que han ofendido.
La restauración y sanidad comienza para todos, sin excepción cuando estamos dispuestos a confesar nuestras ofensas, a pedir perdón y a perdonar humildemente y sin corazón vengativo y rencoroso.
Todo aquél que ora por los demás es un intercesor y todo intercesor es un siervo verdadero de Dios. No se puede orar por los demás sino los amamos y no podemos amar a otros si tenemos prejuicios o resentimiento hacia ellos. Creo que Dios nos está llamando hoy verdaderamente a ser sus siervos fieles. Dios usó la aflicción en la vida de Job para trasformarlo totalmente. Después de quedar en la absoluta pobreza, el conoció la soledad y el abandono de su familia y de sus amigos. Fue injustamente acusado por las personas que amaba, padeció los terrores del insomnio y fue objeto de un ataque cruel del adversario. En el epílogo de la prueba Job decide rendirse a la voluntad perfecta de Dios y el Señor ordena entonces a su siervo, orar por sus amigos que actuaron mal con él. El texto sagrado dice así:
“Mi siervo Job orará por vosotros; porque de cierto a él atenderé para no trataros afrentosamente, por cuanto no habéis hablado de mí con rectitud, como mi siervo Job. Fueron, pues, Elifaz temanita, Bildad suhita y Zofar naamatita, e hicieron como Jehová les dijo; y Jehová aceptó la oración de Job.” (Job 42:8-9)
Es posterior a la Oración de Job por sus amigos que leemos lo siguiente:
“Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job. Y vinieron a él todos sus hermanos y todas sus hermanas, y todos los que antes le habían conocido, y comieron con él pan en su casa, y se condolieron de él, y le consolaron de todo aquel mal que Jehová había traído sobre él; y cada uno de ellos le dio una pieza de dinero y un anillo de oro. Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero.” (Job 42:10-12)
Muchos pecadores endurecidos a causa de su maldad, son ablandados por el dolor y el sufrimiento, sus corazones son quebrantados y su resistencia desaparece. El momento de la prueba es en realidad la oportunidad de Dios y de la Iglesia para hacer volver al pecador de su error.
Estos días de sufrimiento son tal vez los últimos días de oportunidad para que el mundo escuche el evangelio, y es también nuestra gran oportunidad de proclamar y trabajar por la salvación de sus almas. Esta es la hora de “los Elías de Dios” porque los cielos están cerrados a causa del pecado, pero se abrirán para muchos por “causa de nuestra predicación” la iglesia tiene la llave, la autoridad y el poder que ha recibido de parte del Señor para trabajar por la salvación de éste mundo. Mientras estemos aquí en la tierra, estamos bajo la potestad de Jesús y de su Espíritu Santo y Dios cuenta con nosotros sus siervos.
Santa Cruz Bolivia - Abril 26 de 2020
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La comodidad nos produce conformismo y no nos deja crecer, pero Dios usa las dificultades y problemas que nos movilizan, nos desafían a luchar y nos conducen al crecimiento y a la madurez.
Decir y oír: me hablaron de Dios y eso me cambió la vida, es un testimonio que nos transmite gozo. Escuchar decir: Dios me habló. Eso nos impacta y nos asombra. Pero que alguien nos diga: “y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno.” (Ex 24:10) Eso nos mueve de nuestra comodidad y nos desafía a buscar su rostro y a subir al monte para buscar su presencia, para perseverar sin desmayar en la búsqueda de su poder y su gloria. Yo quiero más y más y más de su presencia. #SedientosdeSugloria
Nos gozamos por la Obra del Señor que avanza preciosa en la India. AMIP celebra Visión 2020, saludamos desde Europa a nuestro amado pastor Rajaji Sadhanala por su esfuerzo continuo en favor de las almas en su nación. Salmos 126.
Primero porque Dios envió a su propio hijo, como mensajero. Segundo porque Jesucristo como mensajero hizo obras extraordinarias y tercero porque nos compró de una manera gloriosa y extraordinaria, con su sangre.
Jesús no hizo su labor solo, él fue ayudado por aquellos que respondieron a su llamado. Ellos imitaron a Jesús y los poderes malos también se sujetaron a ellos. Lucas 10:17-20 Hechos 5:12-16. Hebreos 13:8.
Nos compromete ante Dios y la humanidad Ezequiel 3:16-21 y nos compromete en la entrega y la predicación de este mensaje, por eso dile a la gente que:
Hay un mensaje de Dios para ellos. Juan 3:1-21
Que El pecado impide su progreso. Proverbios 28:13
Que Jesús murió, resucitó y vive hoy. 1 Corintios 15:5-8.
Que Hay gracia y favor de Dios Hoy. 1 Cor. 15:9-10.
Que La muerte no es el fin de todo. 1 Cor 15:12-23, 35-49
Que Jesús viene de nuevo. Hechos 1:11, 1 Cor. 15:23, 25.
Que habrá un último día. 1 Cor. 15:24-28, 50.
Amados(as) Consiervos(as) y Hermanos(as) en Cristo:
En unas horas empezaremos un nuevo año y el comienzo de una nueva década, al recordar el tiempo pasado y los momentos vividos sólo nos queda gratitud por todo lo que Dios nos ha permitido vivir y realizar para su gloria, hasta aquí; por lo que Él nos ha enseñado y nos ha dado por su gracia.
Es inmensamente gratificante y una bendición contar con su apoyo y esfuerzo en pro de la obra de Dios y la evangelización del mundo. Estamos seguros que El que comenzó su buena obra en ustedes, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. (Fil 1:6)
No podemos ver el futuro con nuestros ojos físicos pero podemos percibir por la Fe, una nueva década, llena de grandes expectativas y desafíos en el Señor. Con la ayuda del Espíritu de Dios y anclados en las promesas fieles de la Palabra podemos “ver con los ojos de la fe” tiempos nuevos con nuevas y grandes victorias.
Si el dolor en en algún momento quiso detenernos, o si por alguna razón el enemigo logró afligirnos, o si el temor nos impulsó a tirar la toalla del servicio a Dios, recordemos el consejo del apóstol Pablo:
“No quiero decir que ya llegué a la perfección en todo, sino que sigo adelante. Estoy tratando de alcanzar esa meta, pues esa es la razón por la cual Jesucristo me alcanzó a mí. Hermanos, no considero haber llegado ya a la meta, pero esto sí es lo que hago: me olvido del pasado y me esfuerzo por alcanzar lo que está adelante.
Sigo hacia la meta para ganar el premio que Dios me ofreció cuando me llamó por medio de Jesucristo. Entonces tengamos esa misma actitud todos los que hemos llegado a la madurez. Si en algo piensan diferente, eso también se lo aclarará Dios. En todo caso, sigamos viviendo de acuerdo a la verdad que ya hemos alcanzado. (Fil 3:12-16)
Desde los campos misioneros en Bolivia y de todo corazón les deseamos un Bendecido Año Nuevo 2020 y una década saturada de la presencia De Dios.
Familia Tejeiro García
Necesitas visión para que traces el Norte de tu vida, para que no seas un caminante sin brújula, un peregrino sin destino, un río sin mar, un ladrillo suelto de ningún edificio.
Sin visión serás un superficial cada día, carente de profundidad verdadera, vivirás distrayéndote en lo efímero, ocupándote en lo que será quitado de tu vida un día, igual que a Martha.
Serás sin visión un sembrador sin cosecha, una higuera llena de hojas solamente y sin ningún fruto. Serás la vid de sarmientos y uvas silvestres, un mar muerto donde nadie beberá jamás. Una nube sin agua para ninguna tierra hambrienta y con sed.
Sin visión no sabrás jamás por qué ríen y lloran los niños, por qué una madre soporta el dolor y es feliz al traer un niño a este mundo. No sabrás tampoco como se teje un abrigo para cubrir al desnudo, ni como se enciende el horno para hacer el pan que alimentará al hambriento.
Busca visión para tu vida. Búscala para que encuentres el camino que guiará tus pasos, pero no la busques entre los ciegos, ni la busques tampoco en aquellos que parece que ven, pero sólo perciben sombras a su alrededor.
Busca la visión de Dios, la que al tocar tus ojos quitará las escamas que los cubren y te ayudará a decir: ¡ Señor! ¿ Qué quieres que yo haga?
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