Por medio de la revelación del Espíritu, asimismo por su Palabra, Dios nos dice que El está buscando hombres, hombres con características propias y especiales, las cuales Él anhela ver en sus siervos.
Dios manifiesta su poder sobre aquellos que humildemente apelan a su amor y misericordia y depositan su fe y esperanza en Él. Leemos que “en Nazaret no creyeron” y desde allí se valida el dicho que ”No hay profeta sin honra sino en su propia tierra.”
En las zonas frías del Canadá y de los Estados Unidos, los campesinos libran una guerra contra los lobos salvajes y tienen una forma de matar lobos usando el instinto asesino de las fieras, clavan un cuchillo filoso en el hielo y atan al cuchillo carne fresca llena de sangre, el lobo huele la sangre de la presa y viene a buscarla, entonces empieza a lamer la sangre donde está oculto el cuchillo, hasta que tocando el cuchillo se corta la lengua y al sentir su sangre fresca se excita y lame con mayor intensidad, hasta que se devora y bebe su propia sangre y se come su propia lengua, finalmente muere desangrado.
Experimentamos el amor de Dios cuando lo adoramos y lo exaltamos, porque es así la forma en que nos relacionamos con Él. Su amor protector es el amor de Padre, su amor redentor y perdonador es el amor de Cristo su Hijo Unigénito, y su amor vivificante y caudaloso es el amor del Espíritu Santo, el cual se derrama sobre nosotros como lluvia y nos ministra fortaleza.