Inspírame Señor, cuando mi alma siente que decaigo. Cuando siento que abajo mis pies se hunden y mis ojos se oscurecen y me pongo torpe en mi andar, como tanteando a ciegas, buscando algo a lo cual aferrarme para no caer. Inspírame cuando el dolor me embarga por algún beso traidor, por la flecha de algún guerrero que se volvió contra mí. Cuando me veas Señor llorando a solas por el miedo que me azota adentro, cuando me veas entre las olas sumergiéndome, cuando me mires en alguna cueva triste, cuando me encuentres en algún altar tirado sin poder hablar, cuando notes que estoy claudicando entre dos pensamientos, cuando sepas que me estoy durmiendo como un atalaya cansado de otear el viento, cuando descubras que me estoy cansando, es que necesito Señor de tu inspiración.