Cristo es la respuesta
Viernes, 30 Octubre 2020 09:32

AMIP - ESTUDIOS TEMATICOS - LOS DIEZMOS Y MIS OFRENDAS PARA MI DIOS Destacado

Escrito por THALIA FORASTIERI, MAESTRA IGLESIA CAPARRA
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CLASE 3

Fondo Bíblico: Malaquías 3:6-12

LOS DIEZMOS Y MIS OFRENDAS

PARA MI DIOS

CLASE 3

Fondo Bíblico:Malaquías 3:8-12

INTRODUCCION

Nuestra clase en esta ocasión se detendrá aun

en el AT y específicamente en el libro del profeta Malaquías, a fin de completar el ciclo de estudios con relación al tema de los diezmos y ofrendas dedicadas al Señor. Pero antes hablaremos sobre un punto importante:

EL DIEZMO DE LOS DIEZMOS

LECTURA

Num.18:20-32

18:20 Y Jehová dijo a Aarón: De la tierra de ellos no tendrás heredad, ni entre ellos tendrás parte. Yo soy tu parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel.

18:21 Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión. 8:22 Y no se acercarán más los hijos de Israel al tabernáculo de reunión, para que no lleven pecado por el cual mueran.

18:23 Mas los levitas harán el servicio del tabernáculo de reunión, y ellos llevarán su iniquidad; estatuto perpetuo para vuestros descendientes; y no poseerán heredad entre los hijos de Israel. 18:24 Porque a los levitas he dado por heredad los diezmos de los hijos de Israel, que ofrecerán a Jehová en ofrenda; por lo cual les he dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán heredad.

18:25 Y habló Jehová a Moisés, diciendo:

18:26 Así hablarás a los levitas, y les dirás: Cuando toméis de los hijos de Israel los diezmos que os he dado de ellos por vuestra heredad, vosotros presentaréis de ellos en ofrenda mecida a Jehová el diezmo de los diezmos.

18:27 Y se os contará vuestra ofrenda como grano de la era, y como producto del lagar.

18:28 Así ofreceréis también vosotros ofrenda a Jehová de todos vuestros diezmos que recibáis de los hijos de Israel; y daréis de ellos la ofrenda de Jehová al sacerdote Aarón.

18:29 De todos vuestros dones ofreceréis toda ofrenda a Jehová; de todo lo mejor de ellos ofreceréis la porción que ha de ser consagrada.

18:30 Y les dirás: Cuando ofreciereis lo mejor de ellos, será contado a los levitas como producto de la era, y como producto del lagar. 18:31 Y lo comeréis en cualquier lugar, vosotros y vuestras familias; pues es vuestra remuneración por vuestro ministerio en el tabernáculo de reunión.

18:32 Y no llevaréis pecado por ello, cuando hubiereis ofrecido la mejor parte de él; y no contaminaréis las cosas santas de los hijos de Israel, y no moriréis.

Parece algo raro hablar del diezmo de los diezmos. Todos hemos oído hablar del diezmo, y muchos hermanos han aprendido a dar sus diezmos al Señor, pero…

¿A qué se refiere el diezmo de los diezmos?

Viene de las leyes que Moisés, el siervo de Dios, dio al pueblo de Israel en cuanto a ofrendas y diezmos.

Los israelitas daban sus ofrendas y diezmos a los levitas, quienes fueron nombrados por Dios para lo que la Biblia llama "el servicio del tabernáculo", y porque no les había asignado Moisés un territorio o heredad como había asignado a las otras once tribus, según mencionamos en nuestra clase anterior.

¿Y qué hacían los levitas con estas ofrendas y diezmos? En primer lugar apartaban la décima parte de los diezmos que habían recibido, y esta parte se la daban a Aarón y sus hijos o sea a los sacerdotes, quienes dedicaban todo su tiempo para servir a Dios en el tabernáculo. De manera que los que vivían de las ofrendas y diezmos del pueblo de Israel, tenían la obligación también de dar sus ofrendas y diezmos al Señor. El resto de las ofrendas que recibían era para su propio uso. Así es que a esto se refiere "el diezmo de los diezmos".

En resumen… desde que Dios le dio la Ley a Moises, en el Monte Sinaí, le instruyo para que el diezmo sirviera de sostén de los levitas, y esa fue su heredad. Y los levitas a su vez tendrían que dar el diezmo de diezmos de todo lo que recibieran. Por su parte el pueblo de Israel tendría cuidado de no fallar sino de hacerlo con fidelidad. Deuteronomio 12:19 Ten cuidado de no desamparar al levita en todos tus días sobre la tierra.

¿Qué ocurrió al pasar el tiempo con esta ley?

Esta ley fue bien descuidada, y unos 200 años después el rey Ezequias reanimo al pueblo a traer nuevamente el diezmo del fruto de la tierra, como

Dios ordeno en la Ley, proveyendo así alimento a los sacerdotes: 2

Crónicas 31:4-6 31:4 Mandó también al pueblo que habitaba en Jerusalén , que diese la porción a los sacerdotes y levitas, para que ellos se dedicasen a la ley de Jehová.

31:5 Y cuando este edicto fue divulgado, los hijos de Israel dieron muchas primicias de grano, vino, aceite, miel, y de todos los frutos de la tierra: trajeron asimismo en abundancia los diezmos de todas las cosas.

31:6 También los hijos de Israel y de Judá, que habitaban en las ciudades de Judá, dieron del mismo modo los diezmos de las vacas y de las ovejas; y trajeron los diezmos de lo santificado, de las cosas que habían prometido a Jehová su Dios, y los depositaron en montones.

Pero el pueblo volvió a abandonar el diezmo, y en tiempo de Nehemías, unos 300 años más tarde, este se esforzó por reavivar el culto al Señor, convoco al pueblo a fin de que príncipes, sacerdotes y levitas firmaran un decreto, con el propósito o fin de instar al pueblo a traer las primicias; o sea, sus diezmos producto de sus labores. Neh.10:37; 10:37 que traeríamos también las primicias de nuestras masas, y nuestras ofrendas, y del fruto de todo árbol, y del vino y del aceite, para los sacerdotes, a las cámaras de la casa de nuestro Dios, y el diezmo de nuestra tierra para los levitas; y que los levitas recibirían las décimas de nuestras labores en todas las ciudades;

APLICACIÓN

Si analizamos este pasaje del diezmo de diezmos y lo aplicamos al tiempo actual, el hecho es que tenemos que llegar a la siguiente conclusión: Ningún obrero de Dios, ocupe el puesto o posición que ocupe, por más elevada que sea su autoridad en la obra, no está ni queda exento de dar los diezmos al Señor. Por el contrario, deberá dar siempre testimonio de su fidelidad al Señor pagando los diezmos de diezmos recibidos. Dios no hace acepción de personas en Su Palabra, y todos y cada uno de nosotros estamos llamados a dar un diez por ciento del 100% que Él nos da, para que nuestro corazón nunca esté concentrado en lo que Él nos ha dado, sino en el Dador. Cristo claramente estableció la razón del Diezmo y de nuestras ofrendas a Dios: "Porque donde esté tu tesoro, allí también estará tu corazón". Mateo 6:21.

EL DIEZMO EN EL LIBRO DE MALAQUIAS

El Diezmo es la puerta del creyente hacia el pacto de bendición. El Diezmo es una ley espiritual tan efectiva como lo son las leyes naturales. Así como la Gravedad permite que los objetos caigan al suelo si son dejados en el vacío, así el Diezmo permite al creyente recibir "medida buena, apretada, sacudida y rebosante". Lucas 6:38.

El Diezmo es una Ley Espiritual que no tiene limitaciones por el paso del tiempo. Aunque se estableció en el Antiguo Testamento más tarde hace recorrido en el nuevo testamento incluso en boca del mismo Jesús, esta ley hoy continúa tanta efectiva como siempre. Pero antes de irnos al NT, entremos al libro del profeta Malaquías, y aprendamos más sobre este tema, de parte de nuestro Dios. En este pasaje bíblico de Malaquías necesitamos detenernos para contemplar que los diezmos y las ofrendas son verdaderas manifestaciones de nuestro cristianismo, pues estamos creciendo en obediencia, en fe, en gratitud y dependencia de Dios.

LECTURA

Malaquías 3:7-12

3:7 Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos?

3:8 ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. 3:9 Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.

3:10 Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.

3:11 Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos.

3:12 Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos.

El Autor

Malaquías es el último de los tres profetas posteriores al exilio. Él no brinda ningún detalle acerca de la fecha y de la duración de su ministerio. No obstante, al leer el libro uno puede deducir que el templo de Jerusalén ya había sido reconstruido y que los sacerdotes ofrecían sacrificios.

El propósito del libro

El último mensaje de Dios a su pueblo terrenal, Israel, fue dirigido al remanente que había retornado de la cautividad babilónica. Este remanente fracasó durante las décadas siguientes a su retorno en lo que respecta a su testimonio para Dios. Si bien es cierto que estos judíos no servían más a los ídolos que tenían antes del exilio, sin embargo su condición moral estaba marcada por la indiferencia, el desprecio y la incredulidad hacia Dios. Y bajo estas circunstancias, Jehová manifiesta su invariable amor por su pueblo, a la vez que le muestra con severidad sus pecados y cómo se desviaron de Sus mandamientos (Malaquías 1-2). Dios también anuncio a los judíos que caerían sobre ellos juicios severos antes del día de Jehová, el cual, en cambio, se levantará para bendición de aquellos que se arrepientan (Malaquías 3-4). Como si Dios quisiera remarcar Su último mensaje, la expresión “así dice Jehová” aparece unas 25 veces en todo el libro. El libro de Malaquías fue escrito unos 400 años antes de Cristo, y está dirigido a la Nación de Israel. Eso podemos comprobarlo en el versículo uno: “Profecía de la palabra de Jehová contra Israel, por medio de Malaquías” (Mal.:1.1) CARACTERISTICAS ESPECIALES DEL LIBRO a) Las ocho preguntas del pueblo

En estas ocho preguntas puede verse claramente la pésima condición en la que se hallaba el pueblo de Israel. Malaquías las menciona, y él mismo brinda las respuestas de Dios. Las preguntas son las siguientes:

  • ¿En qué nos amaste? (1:2)

  • ¿En qué hemos menospreciado tu nombre? (1:6)

  • ¿En qué te hemos deshonrado? (1:7)

  • ¿Por qué? (2:14)

  • ¿En qué le hemos cansado? (2:17)

  • ¿En qué hemos de volvernos? (3:7)

  • ¿En qué te hemos robado? (3:8)

  • ¿Qué hemos hablado contra ti? (3:13)

Cada una de estas preguntas está precedida por la expresión “dijisteis”. Estas palabras aparecen cuatro veces más en los capítulos 1:7,12, 13; 3:14. Estas preguntas nos indican el grado de malicia e insolencia que este pueblo tenía para con Dios.

Malaquías 3:1-6

Las primeras palabras de este capítulo parecen respuesta para los escarnecedores de aquella época. Hay aquí una profecía de la aparición de Juan el Bautista. Es el heraldo de Cristo. Le preparará el camino, llamando a los hombres al arrepentimiento. El Mesías ha sido llamado desde hace mucho tiempo, “El que debe venir “y ahora vendrá dentro de poco. Él es el

Mensajero del pacto. Demos ahora Lectura a los vs.7-8

Lectura

3:7 Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos?

LECTURA

3:8 ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Es bien importante antes que ninguna otra cosa señalar lo siguiente: El hecho de que este pasaje de la Escritura esté dirigido a la Nación de Israel y no a la iglesia, no significa que el cristiano este exento de este deber doctrinal.

¿Qué estaba haciendo aquella nación, cuando Dios usa a su mensajero para acusarles de ladrones?

El pueblo de Israel tenía un compromiso con Dios y era apartar la décima parte de sus ingresos para Dios, fuera en efectivo o en especie. Los recursos estaban orientados a proveer para los ministros y Su obra. Sin embargo, incurrieron en una práctica detestada por Dios: se dejaban para sí los recursos que debían aportar a la obra. El profeta lo describió de la siguiente manera: "¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas.

¿Qué estaba haciendo aquel pueblo, por lo cual Dios les condenaba y por ende los amonesto grandemente?

Como pueblo, ellos no estaban valorando, sino mas bien menospreciando lo que el Señor les había estipulado en Su Palabra y por tanto lo violaban sin temor alguno y lo quebrantaban. La amonestación fue y es clara: aunque creían que sustraer los diezmos podía quedar oculto ante los demás, delante del Creador estaba a la luz.

¿Qué merecía aquel pueblo, según el verso 9?

Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado." (Malaquías 3: 9)

Lo que se derivaba de ese comportamiento era la maldición, afectando no solo al individuo sino también a su familia y a toda la nación. Observemos cuidadosamente que robar— cualquiera que sea su forma de manifestación, bien sea en el desenvolvimiento laboral como la sustracción de cualquier cosa que le pertenezca a otra persona—y jurar falsamente en el nombre de Jehová para sacar provecho, acarrea destrucción.

¿Qué graves consecuencias acarreaba y acarrea el no diezmar al Señor?

La Maldición pronunciada por el profeta iba a persistir hasta que se produjera la desolación total, no solo de quien incurrió en la trasgresión, sino de toda su casa. Una vez que entraba en el hogar, la maldición permanece hasta que todo quede reducido a cenizas.

¿Y cuál era la alternativa o salida para aquella nación, ante aquella conducta?

"Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde." (Malaquías 3:10)

La única forma de romper las ataduras es el arrepentimiento y buscar la misericordia del Señor, porque de lo contrario persistirá la abominación y operará sin límites sobre el trasgresor y su familia. Se dan las consecuencias y se afecta no solo el hogar sino la ciudad y toda una región.

El profeta Hageo también advirtió que la maldición le llega a todos cuando se desconocen los mandamientos de Dios, y desencadena ruina: "¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta? Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto." (Hageo 1:4-6).

Este fenómeno lo podemos apreciar hoy día al observar de qué manera el sistema de crédito y las tarjetas de crédito están tomando tanta fuerza entre los consumidores, de tal manera que millares de hombres y mujeres viven endeudados. Viven echando su jornal en sacos rotos, y apenas les alcanza para tener lo necesario en su área económica. Y esto no es solo asunto de inconversos sino de muchos llamados cristianos genuinos.

APLICACION

Dios literalmente no puede derramar sus bendiciones sobre nosotros si le fallamos en esto. El manejo del dinero refleja el estado de nuestro corazón. ¿Cómo podemos saber si el poder de las riquezas no nos está controlando?

Demos a nuestro Dios nuestros diezmos y ofrendas y veremos como El fielmente cumple con lo que dice en Su Palabra: recibiremos bendiciones que sobreabunden, pues cuando obedecemos Su Palabra, sin prejuicios ni dudando de Él, lo primero que recibiremos es la libertad que se deriva de este acto. Y la lista es larga.

¿Qué necesitamos reconocer antes que nada con relación a los diezmos?

Lo primero: El diezmo es de Dios, no es nuestro. Los que nacimos de nuevo debemos tener más que claro este tema: el diezmo y las ofrendas son de Dios; y si nosotros no damos el diezmo estamos robando una pertenencia de Dios. Los que no diezman están directamente “Robándole a Dios”. No podemos en ninguna manera ser idólatras del dinero, puesto que la raíz de todos los males es el amor al dinero (1 Tim. 6:10)

Ese es un principio espiritual que la Iglesia no ejercita como debería. Los cristianos que no entran en este pacto con Dios no necesariamente pierden su salvación, Pero no son más que pordioseros cuyo tesoro está en las cosas materiales, en vez de en las promesas de Dios Nuestro Proveedor.

Honra a Jehová con tus bienes, Y con las primicias de todos tus frutos; Y serán llenos tus graneros con abundancia, Y tus lagares rebosarán de mosto”.Pr 3:9–10.

Dar a la iglesia demuestra nuestro amor y devoción al Señor. El amor no son solo palabras.

Meditemos en estos pasajes y aprendamos a ser fieles a nuestro Dios con nuestros diezmos y ofrendas.

Próxima Clase: CLASE 4 LOS BENEFICIOS DE DIEZMAR Mateo 6:19-21

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